Cómo usamos la IA

Comunidad Gourmet usa inteligencia artificial en tareas específicas de redacción y estructura, pero nunca para inventar recetas, fabricar fuentes o reescribir artículos históricos. La distinción importa, y aquí explicamos exactamente qué hacemos y qué no hacemos con IA.

Los artículos archivados conservan sus textos tal como fueron publicados originalmente, limpios solo de navegación y anuncios obsoletos. No los pasamos por modelos de lenguaje para "modernizar" el estilo o inflar la extensión. Esos textos son registros históricos de la conversación editorial, y alterarlos sería deshonestos con los lectores que los comentaron, compartieron o guardaron.

La IA se usa para redactar borradores de guías perennes nuevas y para organizar la estructura del sitio (páginas de confianza, taxonomías, esquemas de navegación). Un borrador generado por IA pasa siempre por revisión editorial humana: verificamos datos, ajustamos el tono, eliminamos relleno, comprobamos que las instrucciones sean replicables y que no haya invenciones de fuentes o estudios. Si el borrador sugiere "según expertos" sin nombrar a nadie, borramos la frase o la reescribimos con una afirmación directa.

No usamos IA para crear recetas desde cero. Las recetas publicadas provienen de cocineros reales, colaboradores regionales, o pruebas en cocina casera. La IA puede ayudar a redactar la introducción o los consejos de una guía, pero no inventa combinaciones de ingredientes, tiempos de cocción o técnicas que nadie haya ejecutado.

Tampoco usamos IA para generar entrevistas, citas de "expertos locales" o resultados de estudios inexistentes. Si no tenemos una fuente nombrable, escribimos la afirmación sin autoridad falsa. Preferimos una frase simple y honesta ("El merkén aporta picor y aroma ahumado") a una inventada ("Según un estudio reciente, el merkén mejora la experiencia sensorial en un 40%").

La IA también ayuda a detectar errores de consistencia (por ejemplo, si llamamos "choclo" en un párrafo y "maíz" en otro sin razón), a sugerir sinónimos cuando repetimos palabras en exceso, y a revisar que los títulos y descripciones cumplan límites de caracteres sin cortarse a mitad de palabra. Esas tareas mecánicas liberan tiempo editorial para la verificación de contenido.

Cada guía nueva lleva revisión humana final antes de publicarse. Si un texto suena genérico, inflado o lleno de frases hechas ("viaje culinario", "fusión perfecta", "secretos ancestrales"), lo reescribimos. El objetivo es que el lector no note si un párrafo fue redactado por IA o por un editor, porque ambos deben sonar igual: claros, directos, útiles.

Esta política puede evolucionar a medida que las herramientas cambien, pero el principio no cambia: la IA es un asistente de redacción, no un sustituto del criterio editorial ni una excusa para inventar contenido. La responsabilidad final de cada palabra publicada es humana.

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La transparencia no es negociable.